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Prensa


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Posted by francisco-cardoso on July 17, 2009 at 12:39 PM Comments comments (0)

Pascua

Olga Harmony

 

La nueva modalidad de la Compañía Nacional de Teatro (CNT) tras un intenso periodo de talleres, conferencias y ensayos inicia su primera temporada y, con ella, el pequeño teatro de cámara ubicado en la casona que es su sede. Como siempre que se emprende algo no han faltado detractores, sobre todo por el temor de que los dineros que se le destinen resulten en detrimento de la Coordinación Nacional que, al parecer, ya pasa por apuros. Para otros, entre los que podría contarme,el hecho de que se generen recursos para tener una compañía estable y derepertorio y que sea creado un nuevo espacio teatral es motivo de alegría y creemos que, así como Luis de Tavira pugnó por y obtuvo este logro, la Coordinación debería tener el mismo arrojo y pasión para luchar porque se leotorguen medios para cumplir su cometido sin las trabas económicas,burocráticas e incluso sindicales que ahogan un tanto el que hacer artístico quees su razón fundamental.

Con elestreno en México de Pascua de August Strindberg dado a conocer por Héctor Mendoza en su versión al español, se inauguran los montajes de la CNTcon dirección de este del indiscutible maestro de la escena mexicana. Para algunos estudiosos, Pascua es tenida junto a Adviento y Solsticio de verano como una de las obras del autor que conformarían un festival de las estaciones y, como sea, es un texto muy alejado de lo que conocemos de su obra, tanto porque evade su terrible misoginia como por ese esperanzador final en que se desatan casi al mismo tiempo los nudos de los tres conflictos, lo que lleva a Mendoza a sostener que es una comedia, más que por el tono por la estructura, sobre todo en los desenlaces de los problemas planteados que son propios de este género.

El conflicto principal y latente todo el tiempo es el que acosa a los miembros de la familia Heyst con el padre en la cárcel por fraude y la obligación de pagar lo defraudado, así sea con el mobiliario de la casa y todos sus enseres. Es muy propio de Strindberg en sus obras naturalistas la mención del dinero, tanto porque la pequeña burguesía y los problemas han desplazado a nobles y reyes de los escenarios, como por las miserias que el propio au-tor hubo de pasar en muchos momentos. Esta amenaza que el acreedor Linddkvist acentúa con sus aproximacionesal hogar de sus deudores, se liga con un secreto que guarda la, en apariencia común ama de casa, la señora Heyst. El segundo es el de los celos de Elis hacia su prometida Kristina por, esta vez, inocente secreto y el tercero es el de laposible acusación del robo de un lirio de Pascua hacia Eleonora.

La escenografía de Philippe Amand reproduce, hasta lo posible en un espacio tan pequeño, los elementos de una escenografía realista con tres áreas principales,el comedor, el escritorio y los dos silloncitos y la mesita que aparecen enprimer plano en dos actos y que, al moverse el ángulo en el segundo, cambian de perspectiva. Héctor Mendoza dirige en lo que (en entrevista con Carlos Paul)describe como naturalismo realismo, haciendo, como siempre, énfasis en laactoralidad sin descuidar el trazo, lo que se hace más notorio en el segundoacto, con el cambio de perspectiva en que Eleonora y Benjamín quedan atrás en el comedor y Elis y Kristina tienen su disenso en primer plano y posteriormente en todo el espacio, sin olvidar la amenazadora sombra de Linskvist y su bastónen la ventana. El vestuario de Sergio Ruiz apegado a época y costumbres ,incluyendo el luto en Viernes Santo, y la música de Rodrigo Mendoza ejecutadapor un quinteto de cámara realzan el trabajo de los actores.

Como ya sedijo en estas páginas, Héctor Mendoza utilizó dos elencos para este montaje. En el estreno participó el elenco A  y yo imagino que el elenco B estará al mismo nivel de la mano de su director. Luis Rábago interpreta a un Lindkvist, que no aparece hasta el tercer acto como una especie de deus ex machina que seimpone haciendo que Juan Carlos Remolina como Elis Heyst se vea pequeño eindefenso, lo que se acredita a la calidad de ambos actores. Laura Padilla matiza a la señora Heyst hasta revelar su secreto, Ana Ligia García es unadulce y enamorada Kristina, Georgina Rábago está encantadora como la alocada Eleonora y Francisco Cardoso, actor invitado, también muy bien como Benjamín.

 

 

La Jornada 26-Febrero-2009

Olga Harmony

http://www.jornada.unam.mx/2009/02/26/index.php?section=cultura&article=a06a1cul


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Posted by francisco-cardoso on July 17, 2009 at 12:38 PM Comments comments (0)

Sursum Corda



Sursum Corda, la frase en latín que se pronuncia en elprefacio del rezo eucarístico en la liturgia católica, que pasa al español como elevad el corazón o arriba corazones, es el título de la más reciente obra,escrita y dirigida por Héctor Mendoza, que corre temporada en El Granero.

De vuelta a su casa a la muerte de su padre y luego de una larga estancia en Europa, una estudiante de actuación llamada Mariana da lugar a lo extraordinario, esa dimensión de lo real que no responde a una causalidad evidente para nuestra lógica de pensamiento. De superlativa bondad,la virtud misma, esta joven que lleva en su nombre el eco de la Virgen María,quien no profesa ninguna religión y afirma que Dios no se razona, es y ya,recita con arrobo versos de Santa Teresa. La acompaña un personaje visible paraella, para los demás no, ataviado con pantalón charro y amplio sombrero, que desata fenómenos inusitados, como un súbito eclipse de sol, perceptible sólo para ojos selectos. En esta historia ubicada en México en tiempos de la Cristiada, es posible la concepción en la virginidad.

Si bien en el programa de mano Mendoza se pregunta silos milagros son de procedencia divina o demoníaca, la irrupción de lomaravilloso mana del personaje más bondadoso, que perturba, enfurece, despiertaun odio atroz en otro poseído por la envidia, egoísta y controlador queresponde al nombre de Hilda. Es la diáfana virtud un hecho extraordinario, fuente de lo insólito  En la oposición extrema entre uno y otro personajesfemeninos, se debaten los demás con matices éticos en la medianía. La hermanamayor, Eduviges, es influenciable, católica recalcitrante, capaz deautocrítica, con la sexualidad amordazada y dispuesta a una generosidad quealcanza el sacrificio. Sensible a las maravillas del mundo, juicioso y prudente, Rodolfo somete su amor al deber. Cándido, amoroso, Alfredo es incapazde revelarse contra su madre Hilda, encarnación de un horror que él reconoce.Teófilo Neri, de existencia misteriosa, sobrenatural, es susceptible a humanas pasiones y compasiones.

En este juego de personajes diversos, que seencuentran con lo insólito, el autor provoca a reflexionar sobre el bien y elmal, ya como una naturaleza, ya como una potencia de nuestras conciencias, denuestra capacidad para ver más allá de los límites marcados por la estrechez de nuestra cultura. Aquí la bondad es luz, deseo, soltura corporal, vida. La maldad es deformación, rigidez, dolor.

Con escenografía de Alejandro Luna, la puesta en escena parte de una rigurosa economía de recursos. Una plataforma negra, lisa y reflejante, elevada a una altura que permite debajo la presencia de unosreflectores con luz blanca, está rodeada de butaquería por los cuatro costados. Los actores se plantan desprovistos de parafernalia, sólo apoyados por la música compuesta por Rodrigo Mendoza, eficaz para crear atmósferas y enfatizar el humor, y el vestuario de Tolita y María Figueroa, que sitúa en época a los personajes y apuntala los rasgos de su carácter: las beatas pueblerinas conatuendos rígidos, de luctuoso rigor, cual mortajas. Mariana en un principio conun ligero vestido rojizo y más tarde con un sensual y lúdico traje negro quedeja ver sus piernas; el apabullado Alfredo con su enorme y avejentado suéter blanquecino, y Rodolfo con sus botas y chaleco bucólicos. Bañados de nívea luz,que con sutiles variaciones en la intensidad juega con los focos de atención, ofrecen un notable trabajo de la imagen interna al gesto, en un fluido decontrastes y evoluciones. En el papel de Mariana, Georgina Rábago logra un amplio compás de tonalidades, plena de energía y vitalidad expresiva. Graciosa,convincente, Laura Padilla da una Hilda que evoluciona de la amargura a la petrificación, en una de las mejores actuaciones que le he visto. Como Eduviges,Dora Cordero detona eficientes matices: de la mezquindad a la culpa, al amoroso sacrificio. En el papel de Rodolfo, Roberto Soto concentra fuerza,contención y sutileza. Como Teófilo Neri, Fernando Escalona se sostiene juguetón y convincente. En el personaje de Alfredo, el simple y apocado hijo engullido por su cáustica madre, Francisco Cardoso ofrece un conmovedor personaje tipo. El conjunto se desempeña en escena en constante y viva correspondencia.

Sursum Corda, comedia plena de humor, de ironía, desdelos referentes y los mitos centrales del universo católico, propone la existencia de lo extraordinario fuera de la fenomenología religiosa.

 

Milagros

Luz Emilia Aguilar

 

 

 


 

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Posted by francisco-cardoso on July 17, 2009 at 12:37 PM Comments comments (0)


Crítica

Sursum Corda


Fenómenos físicos, Cristo y fe

 

El maestro y director de verdaderas generaciones de actores en nuestro paísplantea, sobre una anécdota sencilla en apariencia.

20-Octubre-07

 

Sólo a Héctor Mendoza se le puede ocurrir escribir y dirigir una comediaubicada durante la guerra cristera en México. Especialista en crear un grannúmero de planos de realidad que se enlazan con libre albedrío en un diálogo subterráneo sobre la base de nuestra idiosincrasia, su obra Sursum cordaembiste con humor a un público al que ha dejado de sorprenderle las historias que le pertenecen.

 

Seguramente marcado por las huellas de este conflicto armado que viviera nuestro país de 1926 a 1929, Mendoza (nacido en Apaseo, Guanajuanto, en 1932,donde se mantuvieron encuartelados los representantes del gobierno) traslada ala escena a dos beatas y una joven que luego de diez años en París vuelve a supueblo y hace milagros.

 

El maestro y director de verdaderas generaciones de actores en nuestro país plantea, sobre una anécdota sencilla en apariencia, un tema complejo deramificación múltiple, como lo es la existencia de los milagros y suambivalencia.

 

Héctor Mendoza, como dramaturgo, otorga al espectador el perfil completo de sus personajes, de modo que las dos viejas estiradas, inundadas de odio y de una falsa y convenenciera devoción a la Iglesia, se baten en su miserable lucha cotidiana frente a la bella joven que, en su retorno al terruño, trastocará suexistencia dormida.

 

La muchacha, en su exterior cándida y desamparada, conduce sus pasos justamente hacia donde su sola presencia generará conflicto entre las dos beatas amigas, de las que una es su media hermana, a partir de la envidia y el amor que la niña, hoy crecida, prodigara entonces al actual esposo de su parienta.

 

Sin embargo esto es sólo la vía reconocible por donde viajarán lógica y causalidad hacia espacios de escasa probabilidad, donde la comedia nos sorprende y alecciona.

 

El esposo, preocupado y montado en la emoción de ver a la chica, avanza sobrela línea de la conducta prudente, mientras el resultado de los sucesos hace pensar al público que cuando estos personajes salen de escena sus actos, deverdad, continúan mientras no podemos verlos.

 

La beata mayor, la que puede transitar con diferencia de segundos entre el ser más abyecto y el más soberbio, es el personaje que resume la infinidad de contradicciones por las que pasa el ser humano frente a la existencia de losmilagros.

 

Cómo es que se puede renegar de éstos cuando se ha sido testigo de uno y cómo no abominar al taumaturgo cuando no fuimos elegidos para ser parte del prodigio.

 

Por si hubiera dudas, Mendoza ubica en la escena a un ángel sin alas pero consombrero-aureola a la espalda, de apellido Neri y de nombre Teófano, que quieredecir amado por Dios. Entre este personaje y la chica juega con más de tres realidades y con la fe en Dios, la fe en los milagros y la interferencia entre éstas y los fenómenos físicos.

 

Este joven, al que sólo la chica escucha y ve, parece un revoltoso del séquito divino, un prófugo del bien, pero también del mal; un producto mental dealguien, surgido de la necesidad de amparo. Otro resumen humano de lo que paraunos podría ser un berrinchudo ángel de la guarda que se divierte como pingocon la vida de una inocente con colmillo.

 

Resultaría menos gozoso contar esta historia sin el hombre en quien visiblemente encarna el milagro, para poder tener un auténtico y rendido ser humano bendecido por el cambio de fortuna, feliz en su gratitud desbordada.

 

A este dilema humano sobre la fe, la realización de los milagros y la luchainterna que sus testigos enfrentan en tanto no pueden, por creyentes ocristianos que se pronuncien, desintegrar sus miserias y sus vicios, el autorimplica no sólo el cuestionamiento respecto a la existencia de Dios, sino la única certeza posible: simplemente Dios está o no está, porque de otra manerase le convierte en un mal concepto.

 

En esta obra, la aceptación de la muerte también está en juego, junto a laconvicción de que nadie puede darse cuenta de que está vivo sin la existenciade los demás.

 

Al plantear personajes de esencia contradictoria, cuyo discurso niega susacciones, el dramaturgo pone en juego la naturaleza humana al centro delmicroscopio, y dado que es el director de su propio texto, hace valer sulibertad lúdica ante un espectador al que de súbito le presenta un viejo temacon energía renovada que actúa en forma opuesta a lo acostumbrado y produce unarisa atada a la ridiculez humana frente a sus diminutas y frágiles certezas.

 

Como director, Héctor Mendoza ubica a sus personajes sobre una lisa y lustradaplataforma rectangular diseñada e iluminada por Alejandro Luna, donde los actores se encuentran al descubierto, con la única posibilidad de adueñarse de su personaje como acto de sobrevivencia.

 

Apoyados únicamente por la música original de Rodrigo Mendoza, la atmósfera que genera el lenguaje escénico en su conjunto se extiende a través de las notas que parecen hablarle al espectador con un doble significado: el que alude a lo que ocurre, más lo que oculta el personaje.

 

Esta vez, el maestro de actores trabaja con dos actrices que han estado presentes en varias de sus puestas en escena: Dora Cordero, quien ha demostrado su capacidad histriónica en diversas ocasiones y ahora refrenda su calidad, y con Laura Padilla, quien por primera vez rompe sus propios límites y se decidea hacer un personaje cómico en serio.

 

Georgina Rábago, la joven actriz, trasciende el peligro de un personaje muy complejo con equilibrio y soltura, mientras que Rodolfo Soto se queda un poco ala orilla del abismo que esconde un personaje difícil en tanto debe parecer elbueno de la historia, mientras oculta una parte oscura que a ratos se diluyesin remedio.

 

Francisco Cardoso, arrojado como su personaje, al mar del infortunio y de la dicha, pisa firme gracias a su disponibilidad abierta sobre la escena. Y Fernando Escalona, quien se enfrenta al más difícil de los personajes a partirde su circunstancia irreal, mientras sin embargo debe hablar y caminar sobre elescenario, está en vías de hallar el tono exacto para acceder a ese plano, sinque se olviden los hallazgos que ha encontrado en el camino.

 

Lo cierto es que Héctor Mendoza dispone la balanza del experimento y allí davida a los espectros de nuestras más profundas creencias, temores einfelicidades, atados con la risa que provoca nuestro instinto asesino cuando algo altera una mínima porción de nuestra calma, aunque sea ficticia.

 


El Universal.


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