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Posted by francisco-cardoso on July 17, 2009 at 12:38 PM

Sursum Corda



Sursum Corda, la frase en latín que se pronuncia en elprefacio del rezo eucarístico en la liturgia católica, que pasa al español como elevad el corazón o arriba corazones, es el título de la más reciente obra,escrita y dirigida por Héctor Mendoza, que corre temporada en El Granero.

De vuelta a su casa a la muerte de su padre y luego de una larga estancia en Europa, una estudiante de actuación llamada Mariana da lugar a lo extraordinario, esa dimensión de lo real que no responde a una causalidad evidente para nuestra lógica de pensamiento. De superlativa bondad,la virtud misma, esta joven que lleva en su nombre el eco de la Virgen María,quien no profesa ninguna religión y afirma que Dios no se razona, es y ya,recita con arrobo versos de Santa Teresa. La acompaña un personaje visible paraella, para los demás no, ataviado con pantalón charro y amplio sombrero, que desata fenómenos inusitados, como un súbito eclipse de sol, perceptible sólo para ojos selectos. En esta historia ubicada en México en tiempos de la Cristiada, es posible la concepción en la virginidad.

Si bien en el programa de mano Mendoza se pregunta silos milagros son de procedencia divina o demoníaca, la irrupción de lomaravilloso mana del personaje más bondadoso, que perturba, enfurece, despiertaun odio atroz en otro poseído por la envidia, egoísta y controlador queresponde al nombre de Hilda. Es la diáfana virtud un hecho extraordinario, fuente de lo insólito  En la oposición extrema entre uno y otro personajesfemeninos, se debaten los demás con matices éticos en la medianía. La hermanamayor, Eduviges, es influenciable, católica recalcitrante, capaz deautocrítica, con la sexualidad amordazada y dispuesta a una generosidad quealcanza el sacrificio. Sensible a las maravillas del mundo, juicioso y prudente, Rodolfo somete su amor al deber. Cándido, amoroso, Alfredo es incapazde revelarse contra su madre Hilda, encarnación de un horror que él reconoce.Teófilo Neri, de existencia misteriosa, sobrenatural, es susceptible a humanas pasiones y compasiones.

En este juego de personajes diversos, que seencuentran con lo insólito, el autor provoca a reflexionar sobre el bien y elmal, ya como una naturaleza, ya como una potencia de nuestras conciencias, denuestra capacidad para ver más allá de los límites marcados por la estrechez de nuestra cultura. Aquí la bondad es luz, deseo, soltura corporal, vida. La maldad es deformación, rigidez, dolor.

Con escenografía de Alejandro Luna, la puesta en escena parte de una rigurosa economía de recursos. Una plataforma negra, lisa y reflejante, elevada a una altura que permite debajo la presencia de unosreflectores con luz blanca, está rodeada de butaquería por los cuatro costados. Los actores se plantan desprovistos de parafernalia, sólo apoyados por la música compuesta por Rodrigo Mendoza, eficaz para crear atmósferas y enfatizar el humor, y el vestuario de Tolita y María Figueroa, que sitúa en época a los personajes y apuntala los rasgos de su carácter: las beatas pueblerinas conatuendos rígidos, de luctuoso rigor, cual mortajas. Mariana en un principio conun ligero vestido rojizo y más tarde con un sensual y lúdico traje negro quedeja ver sus piernas; el apabullado Alfredo con su enorme y avejentado suéter blanquecino, y Rodolfo con sus botas y chaleco bucólicos. Bañados de nívea luz,que con sutiles variaciones en la intensidad juega con los focos de atención, ofrecen un notable trabajo de la imagen interna al gesto, en un fluido decontrastes y evoluciones. En el papel de Mariana, Georgina Rábago logra un amplio compás de tonalidades, plena de energía y vitalidad expresiva. Graciosa,convincente, Laura Padilla da una Hilda que evoluciona de la amargura a la petrificación, en una de las mejores actuaciones que le he visto. Como Eduviges,Dora Cordero detona eficientes matices: de la mezquindad a la culpa, al amoroso sacrificio. En el papel de Rodolfo, Roberto Soto concentra fuerza,contención y sutileza. Como Teófilo Neri, Fernando Escalona se sostiene juguetón y convincente. En el personaje de Alfredo, el simple y apocado hijo engullido por su cáustica madre, Francisco Cardoso ofrece un conmovedor personaje tipo. El conjunto se desempeña en escena en constante y viva correspondencia.

Sursum Corda, comedia plena de humor, de ironía, desdelos referentes y los mitos centrales del universo católico, propone la existencia de lo extraordinario fuera de la fenomenología religiosa.

 

Milagros

Luz Emilia Aguilar

 

 

 


 

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